
Entrevista a Julián Cappa, miembro de la Junta Comunal 7 por el Frente de Todos.
Cronista CESDET: ¿En qué zona de la comuna vivís? ¿Cómo está compuesta tu familia? ¿Tenés alguna serie/película favorita? ¿Algún escritor/a que te guste en especial?
Julian Cappa: Mi nombre es Julián Cappa, en este momento vivo en la zona norte de Flores, pero hace muchos años que vivo en la comuna 7. Pasé por varios puntos: estuve viviendo en la zona de Bonifacio y Membrillar, después viví en Alberdi y Bonorino, después Mendez de Andes y Trelles, Bogotá y Bolivia y ahora estamos ahí en el extremo norte de Flores, cerca de avenida Gaona. Vivo con mi hijo, mi compañera y mi suegra. Fuera de nuestra casa está mi papá, que justo cumple años hoy (12 de Noviembre), mi hermana Anahí y mi mamá Mónica.
Me gusta bastante la literatura, me cuesta mucho elegir un escritor. Aunque, si me obligás, un escritor que me gusta mucho es Roberto Arlt, que justamente vivió mucho tiempo en el barrio de Flores. También, me cautiva Cervantes y, en especial, el Quijote, es una de mis obras preferidas. Aprovecho para mencionar a Oliverio Girondo, que incluso tiene un poema sobre Flores.
C.C. ¿Cómo y cuándo empezaste a hacer política?
J.C. Nací en una familia con mucha tradición política. Ni mi mamá ni mi papá eran militantes, tampoco mis abuelos, pero siempre les interesó la política. De hecho, me acuerdo cuando era muy chiquito que iba a la casa de mi abuelo paterno Víctor, por el año 1994/95, y él me hablaba del crecimiento que le auguraba a China (esto ya se loa habían anticipado a él sus maestros de la Escuela primaria), de las disputas entre la Unión Soviética y Estados Unidos (situación que en ese momento aún era reciente), en fin, de la geopolítica del mundo. También, me contaba que su casa la pudo comprar gracias a Perón, con los planes de vivienda del primer peronismo. Después, mi viejo y mi vieja, a pesar de que no eran militantes, siempre fueron y son muy activos. Recuerdo ir a las marchas del 24 de marzo en los 90s; en ese momento no era tan común. Más allá de la pandemia, hoy esperamos que vayan un millón de personas a un 24 de marzo pero hace algún tiempo éramos poquitos. En casa, involucrarse y participar en temas de derechos humanos o problemas comunitarios era una cuestión familiar, no había militancia orgánica aunque sí adhesión al peronismo.
Sin embargo, hubo un momento particular donde hice el click, que dije “me quiero involucrar”. Fue en el 2008, en pleno conflicto con las patronales rurales por la resolución 125. En ese momento, estaba cursando el primer año de la carrera de Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, no me olvido más que era martes 11 de marzo porque era, literalmente, mi primer martes de cursada. Ese primer día, vino gente de una organización de izquierda al aula a decir que había que dejar de cursar para movilizarse a la plaza de mayo en contra de Cristina, en contra del gobierno, porque se quería avasallar los derechos de los pequeños productores agrarios. Para mí, era un delirio. Estaba muy contento con el gobierno de Néstor y Cristina. Aunque era joven, me daba cuenta que eran gobiernos distintos a los que veníamos teniendo. Me resonaba el esfuerzo destituyente de los grandes medios como Clarín, que buscaban instalar la idea del doble comando, que el presidente era Néstor y todas esas sandeces. Entre aquel movimiento destituyente y propuestas interesantes, como la 125, que tendían a la redistribución de la riqueza, hice el click. Me di cuenta que no alcanzaba con ir a votar, que había que hacer algo más.
En el 2008 creo que muchas personas hicimos un click. Uno de aquellos, compañero histórico de Flores, fue Paco Fuentes. En ese momento no era tan sencillo sumarse a militar orgánicamente, las organizaciones no estaban tan extendidas como están hoy. Hoy hay una unidades básicas en Parque Chacabuco, en Bajo Flores y en Flores. En 2008, de estas unidades básicas, no había ninguna. Me acerqué a organizaciones en la Facultad pero, orgánicamente, comencé a militar en La Cámpora recién en 2010; es la organización en la que milito y seguiré militando. Empecé participando de la campaña 2009, cuando Néstor fue candidato, pegábamos carteles con amigos, fuimos al acto en el Luna Park, pero no estábamos en ninguna organización. En mayo del 2010 me sumé a La Cámpora, al principio en el frente universitario y después empecé a militar en la Comuna 7, donde hoy lo sigo haciendo. Participé primero en la Unidad Básica Jorge Gullo, luego me hice cargo, por pedido de la organización, de la Unidad Básica Felipe Vallese y, desde diciembre del año pasado, asumí la responsabilidad de ser integrante de la Junta Comunal N° 7. O comunero, como nos conoce la mayoría de la gente.
C.C. ¿Cómo fue tu inicio como comunero/a? ¿Con qué te encontraste cuando llegaste?
J.C. Es un desafío muy complejo. Primero, porque se siente una gran responsabilidad, en la comuna 7 hicimos una elección histórica. El Frente de Todxs sacó casi 51000 votos de los 160.000 electores que votan en la Comuna, entonces nos debemos a esa gente así cómo también a aquellos y aquellas que no nos votaron pero igual representamos institucionalmente.
La realidad es que no tenemos trabajadores a cargo nuestro, es decir que nuestra gestión la hacemos solos o solas, con ayuda de las organizaciones de las cuales provenimos. Pero no es lo mismo tener trabajadores a tu cargo de manera sistemática a quienes puedas delegarle las tareas y que a la vez puedan ayudarte en los proyectos que vos estés pensando para desarrollar a nivel comunal. Eso no existe y es una gran traba para la gestión. Tampoco en nuestras áreas de gestión tenemos asignado un presupuesto para desarrollar acciones concretas.
En contrapunto con esto, hay mucha demanda de la población y cosas para hacer en la comuna. La comuna 7 es una comuna muy olvidada, tanto por Macri cuando fue jefe de gobierno como por Rodriguez Larreta. Para ellos, es una comuna de segunda. Esto se hace evidente en la evolución del presupuesto: del 2017 en adelante nos fueron reduciendo el presupuesto a la comuna 7. En términos superficiales, había un aumento del 25 o 30%, pero con una inflación real del 50% o más, entonces el presupuesto se fue reduciendo. Pero este no es un fenómeno generalizado en todas las comunas: en comunas como la 13, de la zona norte de la ciudad, los aumentos sí fueron de más del 60% del presupuesto de un año a otro durante el macrismo, o sea que ahí sí se cuidó que no hubiera una reducción en términos reales.
C.C. ¿Cuáles son esas demandas? ¿Qué aliados y herramientas tenés como comunero? ¿Cómo es la gestión del comunero?
J.C. Tengo la suerte de conformar un bloque junto con Silvia Sbravatti y Ulises Bertinetti, también comuneros del Frente de Todxs. Somos 3 y eso quiere decir que no hemos podido ganar la presidencia de la junta comunal, el resto de los 4 comuneros son de Juntos por el Cambio. Federico Bouzas es el presidente, él controla el presupuesto de la comuna, y además, el personal y trabajadores de la comuna también están a cargo suyo.
Con Silvia y Ulises nos organizamos para tratar de resolver la mayor cantidad de problemáticas posibles que nos acerca la ciudadanía. Recibimos demandas de personas que te dicen «hace un año que vengo reclamando por un auto abandonado y el GCBA no lo retira», como el ejemplo de Carabobo 458, donde hay un auto abandonado señalizado como que debe ser removido y no es removido. Algunos días, la excusa del GCBA es que no tiene lugar para llevarlos, otros días que faltan órdenes judiciales que permitan compactar esos autos, entre otras. Esto no es un capricho nuestro, son focos de basura donde se acumula agua y pueden transformarse en criaderos de mosquitos, como el Aedes Aegypti que transmite el dengue. También generan problemas de seguridad.
Otro reclamo que solemos recibir son los problemas vinculados a veredas rotas. La excusa del GCBA es que la responsabilidad es del “frentista”. Pero, de repente, ves que el mismo gobierno de la ciudad cuando hay vereda sana, rompe las mismas para arreglarlas, ahí deja de ser cuestión del frentista. Uno conoce la normativa y sabe que en algunos casos el arreglo de las veredas es responsabilidad del frentista, pero, en general, las veredas que están rotas se han roto por acción de empresas de servicios o por obras mal hechas del propio Gobierno de la Ciudad. Por eso somos tan insistentes en esto. Y nótese el negociado de romper las veredas sanas para luego arreglarlas.
Otro conjunto de reclamos se relaciona a temas de arbolado, hay muchos árboles en la Ciudad cuyas raíces rompen las veredas o invaden los domicilios y los vecinos están dos, tres o cuatro años pidiendo que le corten las raíces a un árbol que está entrando a su garage, entrando a su dormitorio. ¿Por qué nos pasa esto? Esto nos pasa porque no hay un plan en la ciudad, no hay un programa de trabajo respecto a un arbolado racional. La mayoría de los árboles que tenemos plantados en la ciudad son árboles exóticos, no son árboles de la región pampeana, no son autóctonos. Entonces, son árboles que se enferman y, por lo tanto, hay que podarlos, o extraerlos. Gastamos dinero, tiempo y no están adaptados a este ambiente. Hay más de 40 especies (como el Algarrobo, el Canelón, etc.) que se podrían incorporar y nos ahorrarían tiempo y dinero , ganaríamos en calidad de vida ya que los árboles autóctonos atraen pequeños insectos, mariposas, libélulas, bichos bolita, que sí son del entorno pampeano, del ecosistema natural y que ayudan a prevenir otras plagas. Por ejemplo, ante una acumulación de agua, las libélulas se comen las larvas del mosquito aedes aegypti; los alguaciles también el mosquito adulto.
Otras demandas que nos llegan a la comuna tienen que ver con la mala organización de los organismos de la ciudad, por ejemplo, la AGIP (ex Rentas). Como están cerradas las sedes comunales por la pandemia, nos escriben por Whatsapp o mail a nosotros mensajes como «no puedo pagar el ABL», «no puedo pagar la patente», etc. Todos trámites que, en teoría, pueden ser resueltos en la virtualidad pero que, evidentemente, no están bien preparados los sistemas y nos llegan los reclamos a nosotros.Lo mismo pasa con el registro de conducir. Otra serie de problemas en la comuna se vinculan con las cuestiones más sociales como los desalojos, que a pesar de estar prohibidos por decreto del presidente, a veces se buscan generar igual. Nosotros buscamos intervenir para frenarlos, en articulación con la Defensoría del Pueblo y con la Legislatura de la Ciudad. También la mala facturación de Metrogas y de Edesur, dos empresas que pese a tener las tarifas congeladas, se las han ingeniado para aumentar los precios a los vecinos con distintas triquiñuelas. Pudimos articular con ENARGAS y el ENRE, organismos de control nacional, y hemos logrado resolver varias de estas situaciones aunque no todas. También recibimos demandas contra Movistar, un poco por robo de cables y otro poco por desidia de la empresa. También pudimos articular con ENACOM, el ente nacional de comunicaciones, para que se resuelvan estas situaciones. Finalmente, nos llegan algunos reclamos de desbordes cloacales, sobre todo de Rivadavia hacia el sur y, más especialmente, de Avenida Castañares hacia el sur. Ahí es distinto ya que son problemas que resolvemos con AySA y tenemos un diálogo excelente.
C.C. ¿Cómo es la relación con el Gobierno de la ciudad? ¿Qué expectativa tenías de lo que iba a suceder cuando te tocó ser comunero?
J.C. La expectativa cuando asumí, que hoy sostengo, es de ser responsable, de dedicarse a tiempo completo a la gestión. Entonces esperaba más cooperación de la que hoy estamos teniendo. En realidad, tal vez no es cooperación la palabra adecuada. Esperábamos que haya más predisposición al diálogo, a escuchar las sugerencias, a enmendar los errores y a actuar en consecuencia. No sólo no hay cooperación sino que tampoco nos escuchan. Esta cuestión se ilustró con el tema del dengue. En Febrero, comentamos en la Junta Comunal nuestra preocupación y dimos la alarma sobre el aumento de los casos de dengue. Propusimos soluciones, desde descacharreo a fumigación (no es una solución de prevención total pero cuando hay casos sí hay que fumigar). En definitiva, tuvimos más de 1800 casos de dengue, lo que representa el 25% de los casos de dengue de la ciudad de buenos (que tuvo más de 7000).
Las buenas intenciones que establece el Plan de Prevención de Enfermedades Transmitidas por Mosquitos de la ciudad ni siquiera las cumplen, las mismas que redactaron. De los 1800 casos, es imposible saber cuánto fumigaron porque no quieren transparentar esa información. Sin embargo, gracias al diálogo y monitoreo que realizamos con los vecinos, sabemos que la gran mayoría de sus casas no se fumigó aún cuando se identificaron personas infectadas de dengue, contradiciendo así el mencionado plan de la Ciudad. Estimamos que se fumigaron menos de un tercio de las casas, con lo cual hubo 1200 personas infectadas a las cuáles no se les fumigó su casa. Entonces, no podemos hablar de cooperación, tenemos que hablar de irresponsabilidad.
C.C. ¿Qué problemas estructurales tiene la Comuna 7? ¿Qué sucedió con esos problemas en la pandemia?
J.C. Si tuviésemos que elegir un problema de nuestra comuna, ese sería la desigualdad. De las 240.000 personas que habitan la comuna, 60.000 habitan bajo flores. Viven en seis barrios: Barrio Rivadavia 1 y 2, Barrio Ricciardelli (ex Villa 1-11-14), Barrio Illia 1 y 2 y Juan 23. Excepto esta última, toda la zona del bajo flores tiene como característica una gran vulnerabilidad.
Dentro del Barrio Ricchardelli, hay personas que no tienen red de gas (usan garrafa), que tienen muchas dificultades para acceder a la electricidad y al agua. AYSA tiene la responsabilidad de tirar los caños principales, pero dentro de los barrios la responsabilidad es del Gobierno de la Ciudad. Recibimos muchos llamados en el medio de la pandemia de las delegadas y delegados de distintas manzanas para comentarnos que no tenían agua. El Gobierno de la Ciudad tardó bastante en responder a estos problemas, como te digo, en el medio del aislamiento social y obligatorio. Una deuda importante de nuestra comuna es la urbanización de esta zona.
De estos problemas, se desprenden otros. Por ejemplo, la OMS plantea que tiene que haber un árbol cada 3 habitantes. En nuestra comuna, hay un árbol cada nueve habitantes. Estamos lejísimos de aquel parámetro entonces, tenemos una dificultad monumental en términos ambientales. Me gustaría remarcar que no podemos hablar de ambiente si antes te comenté que un tercio de la población de la comuna no accede a servicios básicos.
Con la pandemia, los comercios sufrieron el freno de la actividad. Acá se abrieron dos caminos, el gobierno nacional ayudó con el congelamiento tarifario, con los créditos de AFIP para monostribusticas, con el ATP, entre otras. Del Gobierno de la Ciudad, fue muy floja la respuesta real y concreta. Salieron con medidas tardías, suspensión del ABL por unos meses para comercios no esenciales. No fueron medidas de fondo.
En varias reuniones, planteamos que se necesitaba una reducción de ingresos brutos, créditos blandos para pequeños y medianos comercios y luego un proceso de acompañamiento a la compra al comercio de cercanía. Esto último lo hicimos desde la Comuna, fomentamos mucho que la gente compre en estos comercios. En particular, Ferreteria La Peña, Dietética Bora, Óptica Grard, Hamburguesería 921, etc. Lo hicimos los comuneros del Frente de Todxs, no hubo acompañamiento ni escala centralizada.
C.C. ¿Qué análisis haces de la descentralización en la Ciudad de Buenos Aires? ¿Pensás que la Ley Orgánica de Comunas se cumple? ¿Qué presupuesto recibís como comunerx para hacer gestión?
J.C. Es una buena pregunta. La ley de comunas no se cumple entonces las comuneras y los comuneros no tenemos presupuesto para gestionar. Hay una descentralización maquillada, que tiene que ver con una desconcentración más que una descentralización. Hay dos conceptos diferentes ahí.
La ley de comunas es clara, las comunas tienen que tener jurisdicción presupuestaria. En el presupuesto de la Ciudad, hoy hay una jurisdicción que corresponde a la Jefatura de Gabinete y luego tenés que ir hacia abajo para ver que se asigna a comunas. Ninguna junta comunal arma realmente el anteproyecto de presupuesto para el año que viene, toman la planilla del año pasado, actualizan un poco por inflación (lo menos posible) y, como si fuese poco, esto lo hacen los presidentes de las juntas comunales en soledad.
Ni siquiera dejan participar al resto de los integrantes de la junta comunal, pese a que lo hayamos solicitado. Entonces, el ciudadano/a de cada comuna ve cercenado sus derechos, que están escritos en la Ley de comunas, y Constitución de la Ciudad.
Los vecinos de los barrios deberían poder decidir qué se va a hacer con el dinero de sus impuestos destinados a sus barrios. No hay descentralización, hay un “como sí”, es decir, antes ibas a AGIP en calle Suipacha y ahora podés ir a Rivadavia y Culpina. Sí, se desconcentró pero eso no es descentralizar, descentralizar es más complejo, más interesante.
La Ley de Comunas va a estar cumplida cuando en las 15 comunas haya Consejo Consultivo Comunal (en la 7 participan bastante), cuando las Juntas Comunales sostengan y apoyen en términos económicos y administrativos a los Consejos Consultivos y, fundamentalmente, que las comunas tengan jurisdicción presupuestaria, o sea, que puedan elaborar y distribuir su presupuesto, decidir qué hacen con el.
C.C. ¿Qué ejes o problemas considerás que tiene que resolver la Ciudad de Buenos Aires que hoy se están dejando de lado?
J.C. Por estos días, se está discutiendo el Plan Urbano Ambiental, el armazón filosófico del modelo de ciudad que queremos. Me preocupa que organicen estas discusiones en medio de una pandemia cuando la participación es sí o sí de manera virtual o telemática. Entonces, eligen dejar afuera a mucha gente que no tiene acceso a la conectividad garantizada.
Hay que resolver estas cosas para tener una ciudad más inclusiva donde cada porteño y porteña puedan acceder a su vivienda, con un sistema de salud y educación acorde al presupuesto de la ciudad. Esto me parece importantísimo. Tenemos una ciudad con un presupuesto enorme, en números este año hay 166.000 pesos por habitante. En la provincia, hay 55.000 pesos por habitante por año. Nuestros hospitales y escuelas deberían ser muchísimo mejor que las de la provincia y esto no es necesariamente así.
También, tenemos una tradición cultural riquísima en términos históricos, en la ciudad y en nuestra comuna. Aquí, el Papa Francisco nació, vivió y trabajó. Esto no es pensado en términos turísticos. El Parque Chacabuco tiene su historia que no se cuenta. La batalla de azules y colorados también se dio en este parque. Alfonsina Storni vivió aquí en Flores, también Roberto Arlt. El primer simulacro del voto femenino que tuvo como protagonista a Julieta Lanteri en 1919, se hizo en Plaza Flores. Hay muchas historias para contar pero no debemos tomarlas como anécdotas. Son historias que subyacen, que siguen vivas, que dan fuerza al barrio y no hay ningún esfuerzo de política pública para ponerlas en valor. Existe la posibilidad de ponerlas en valor realizando un Polo Cultural en nuestra comuna, quizás con proyección turística. Y así, puede trasladarse a otros barrios que tienen una historia muy rica pero no está difundida, no está trabajada ni puesta en valor. Existe una oportunidad de ponerlas en valor y desarrollar actividades económicas y sustentables hoy no desarrolladas por el propio gobierno porteño.











