Por Mariano Fernandez – Foro por la Educación Pública Comuna 10
Históricamente los movimientos estudiantiles en Argentina y Latinoamérica se han caracterizado por una profunda historia de lucha de la que han surgido innumerables conquistas de derechos, incluso allá por finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
También en la Europa previa a la segunda guerra mundial se sucedieron diferentes corrientes de educadores que, de uno y otro lado de la mecha, intentaron crear desde diferentes modos de pensamiento un sujeto revolucionario con libertad de acción y pensamiento.
Por ejemplo, «La escuela moderna» de Francisco Ferrer (pedagogo anarquista español) se basaba en la concepción de que la enseñanza racionalista puede y debe discutirlo todo. Quizas por este motivo (entre otros) es que fue fusilado por la decisión de un consejo de guerra en 1909 bajo el rotulo de «subversivo».
Otro ejemplo son los que adoptaron una forma más ortodoxa que podríamos denominar «adoctrinamiento» de sus educandos como la escuela formadora de sujetos preparados para la guerra de la Alemania Nazi o en Rusia Stalinista; con diferentes percepciones políticas de la vida intentaban llegar a un mismo objetivo: une joven (hombre/mujer) preparado para morir en combate defendiendo a su doctrina por sobre todas las cosas.
Injusto sería no mencionar al pensamiento Cubano y la visión del «hombre nuevo» de Ernesto «Che» Guevara; que refería a un sujeto revolucionario también dispuesto a dar la vida doctrinariamente por su Patria. La sustancial diferencia radica en la sensibilidad superadora que, en este caso, amplia la mirada libertaria hacia cualquier confín del mundo donde hubiera una injusticia. Se trataba de un pensamiento que atravesaba las fronteras territoriales.
En Argentina, podemos mencionar el sistema educativo que generó la «reforma universitaria» de 1918 en la provincia de Córdoba (iniciada por una revuelta estudiantil durante el gobierno de Hipolito Yrigoyen). Anticipando en medio siglo al Mayo Frances, esta reforma generó grandes hitos como: la autonomía universitaria, el sistema de co-gobierno, la extensión universitaria, la periodicidad de las cátedras y los concursos de oposición.
El decreto 29.337 de Juan Domingo Perón (1949) sobre la gratuidad en la enseñanza universitaria sumo otro derecho y otorgo la posibilidad a los hijos de los trabajadores para acceder al sistema universitario.
El movimiento estudiantil ha sido punta de lanza para la emancipación y el progreso de los pueblos, por lo que no podemos negar que es fundamental su accionar y su participación en las sociedades para construir un futuro prospero con justicia social, para la transformación necesaria en nuestro país y de toda la región.
Por todo esto nos preguntamos ¿Por qué ciertas gestiones, como la del GCBA, se empeñan en condicionar y criminalizar la organización y la protesta estudiantil? ¿Sera que no han aprendido la lección histórica?, ¿Acaso no comprenden la necesidad de los movimientos estudiantiles en la conquista y ampliación de derechos para todes les estudiantes que se forman en los claustros para dirigir los destinos de la Patria a futuro?
Deberían comprenderlo, respertarlo, nutrirse y retroalimentar ese movimiento vital.
En el caso particular de la Ciudad de Buenos Aires, el Gobierno local en lugar de dar respuesta a los reclamos y recepcionar las propuestas del movimiento estudiantil, hace oídos sordos. La aplicación de la ESI, la problemática financiera presupuestaria, la falta de participación a las comunidades en las reformas educativas (secundaria del futuro); son todas llamadas que deberia atender.
El gobierno de Larreta profundiza su postura de censura hacia les estudiantes estableciendo un protocolo llamado«protocolo anti toma» y otro no menos agresivo como el de«protocolo de ingreso de fuerzas de seguridad en establecimientos educativos»; lo que conlleva a la profundización del conflicto preexistente.
Los reclamos estudiantiles en relación a las instituciones, acentúan las disputas de les adolescentes en su ámbito familiar y con las conducciones de las escuelas. El protocolo anti toma delega la responsabilidad de «apuntar» desde la conducción de la escuela a les alumnes que permanezcan en el establecimiento en una situación de toma, reportando al Ministerio para que este a su vez informe a las familias recayendo en los padres y/o tutores la responsabilidad de lo que allí pudiese ocurrir.
Para finalizar, una humilde reflexión, la recomendación que le daria al GCBA en general, al señor Jefe de Gobierno Horacio Rodriguez Larreta y a la Ministra de Educación de la Ciudad Soledad Acuña en particular es la siguiente: la derogación de forma inmediata de ambos protocolos, que como se mencionó anteriormente no hacen mas que cercenar y coartar los derechos legitimados en democracia durante más de un siglo de lucha de los movimientos estudiantiles en nuestro país avalados y garantizados por nuestra Constitución Nacional.
Es urgente comenzar a escuchar, respetar y dar lugar pleno de participación a las comunidades educativas de la ciudad ya que la situación en los establecimientos educativos no son más que pugnas generadas por gestiones que no satisfacen las necesidades básicas para que sea cumplido de forma optima el derecho social a la educación.
No hacen más que echar leña al fuego en un sistema que debe cambiar para que nuestra sociedad confluya en un futuro de igualdad de oportunidades para todes.
