Nuevo ciclo sobre Presupuesto Participativo

Hacia una práctica Federal de una política democrática”

A 20 años del inicio de Presupuesto Participativo en Argentina convocamos al ciclo de conversatorios “Hacia una práctica Federal de una política democrática”.

Para este ciclo que llevaremos a cabo durante el mes de Julio podemos comenzar diciendo que la Democracia Participativa cuenta con el Presupuesto Participativo (PP) como política pública articuladora entre el estado y la sociedad, como garante de derechos fundamentales, pudiendo ejercer mecanismos de democracia directa en gobiernos locales que dan centralidad a la consolidación democrática en sus gestiones de gobierno.

El PP es un proceso de intervención directa, permanente, voluntaria y universal mediante el cual la ciudadanía, conjuntamente con las autoridades, delibera y decide la asignación de recursos públicos de la gestión local.

 Como política pública, posibilita un enfoque alternativo a los mecanismos de ejecución de los presupuestos de modo tradicional, promoviendo la confluencia de la esfera política y la ciudadanía en un proceso de toma de decisiones que compromete una parte o porcentaje del presupuesto de un determinado nivel de gobierno a necesidades colectivas.

Desde el CESDET decidimos iniciar un ciclo de conversatorios que tenga como principales expositores a funcionarios y funcionarias que llevan adelante en sus municipios el Presupuesto Participativo para compartir sus experiencias durante los encuentros.  Preguntas tales como ¿en qué contexto político pusieron en marcha el PP?;  ¿cuáles fueron las estrategias para convocar a los ciudadanxs en la participación de las políticas públicas?; ¿qué factores en su mirada podrían contribuir a darle sustentabilidad y cuáles pueden ir contra su legitimidad?;  etc, etc

Para ahondar sobre estos  y otros interrogantes que hacen al desarrollo del tema se realiza la convocatoria. Y por supuesto, con el fin de generar un aporte a la construcción de esta herramienta colectiva que año a año  crece y es incorporada a cientos de ciudades de todo el mundo.

Inscripciones en: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSfp9HS6JcxfzEybLEYaDkvV9DynWpZgvMDc4scyYrquYo0sig/viewform?usp=sf_link

La Libertad en tiempos del Big Data

Los medios de masas sólo puede convertirnos en mercancias y alienarnos”

Pier Paolo Passolini

Por Alejandro Filippini

¿De qué hablamos cuando hablamos de libertad?

El 27 de julio de 1819 San Martín arengó a su ejército (el Ejército de los Andes que acaba de liberar a Chile) y exclamó que debíamos ser libres, agregando que “lo demás no importa nada”. Seguido a ello manifestó: “la muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos”.

Ante la disyuntiva entre volver a Buenos Aires para sofocar los intentos desestabilizadores de los Caudillos contra el nuevo gobierno en Buenos Aires, San Martín primero intentó convencer a Estanislao López y a José Gervasio Artigas para que depusieran dicha actitud y luego se resistió a regresar para continuar con lo que él entendía era un objetivo supremo, la independencia de América.

En la carta que el nacido en Yapeyú le envía a Estanislao López afirma:

divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos (se refería a lxs españoles), hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares y concluyamos nuestra obra con honor. La sangre americana que se vierte es muy preciosa y deberíamos emplearla contra los enemigos que quieren subyugarnos”

Para San Martín la libertad debía estar orientada a un objetivo común, colectivo.

Distinta suerte corrieron Manuel Belgrano, María Remedios del Valle y las “Niñas de Ayohuma” con su ejército auxiliar del norte, quienes volvieron a Buenos Aires para socorrer al Gobierno y ello supuso la disolución de su ejército. Menuda lección de la historia.

Ciento treinta y cuatro (134) años más tarde Juan Perón pronunciaba su inolvidable discurso en la Escuela de Guerra donde diría: “El año 2000 nos encontrará Unidos o Dominados”. Esa conferencia, opacada muchas veces por la célebre frase, resulta trascendental pues es justamente allí donde Perón manifiesta la ineludible necesidad de constituir una alianza continental entre Argentina, Brasil y Chile. Agrega: “estos tres países unidos conforman quizá -en el momento actual- la unidad económica más extraordinaria del mundo entero, sobre todo para el futuro, porque toda esa inmensa disponibilidad constituye su reserva. Estos son países reservas del mundo”.

La segunda mitad del siglo XVIII y todo el siglo XIX estuvo fuertemente influenciado por las ideas de los pensadores de la Revolución Francesa. La concepción de la “libertad” no fue la excepción. Centrado fuertemente en la idea de libertad individual, impregnó las constituciones americanas y conquistó a las élites gobernantes de todo el mundo occidental. El ginebrino Rousseau advierte ya en 1762 en el “Contrato Social” que, por un lado, el hombre nace libre pero la sociedad lo encadena. El hombre pierde por el contrato social su libertad natural y un derecho ilimitado a todo lo que intenta y puede alcanzar. Lo que “gana” es la libertad civil y la propiedad de todo lo que posee. El hombre cede su libertad natural a un a cambio de una convivencia social “armoniosa” (cuya tarea recae en las instituciones estatales).

Por otro lado, el mismo Rousseau sostiene que “el derecho a la propiedad es el más sagrado de todos los derechos de los ciudadanos y es más importante, en ciertos aspectos, que la misma libertad”. Mucho más conciso y preciso en sus intenciones fue el inglés Juan Locke cuando sostuvo que la propiedad era prácticamente sinónimo de libertad, vida y bienes.

Estas ideas que ponían en el centro del mundo al hombre (y digo hombre porque, como sostuvo Olympe de Gouges en “Declaración de los Derechos de las Mujeres y Ciudadanas”, en 1791 las mujeres no tenían el mismo status legal que los hombres) y a la propiedad privada se encuentran en los cimientos de las sociedades liberales, occidentales y capitalistas.

La visión acotada de la libertad, vista como libertad individual y asociada a la propiedad privada, estuvo siempre en tensión con el principio de libertad enarbolado por San Martín en 1819, consagrado en el Acta de Declaración de la Independencia de 1816, e insistido en el Acta de Independencia Económica de Juan Perón en 1947: la libertad comprende una visión colectiva asociada al concepto de liberación, de emancipación, de soberanía.

Mucho se escribió sobre este tópico durante la pandemia. Mientras la tragedia sanitaria devolvía al Estado su centralidad, desde la mayoría de los medios de comunicación se propiciada un análisis de las consecuencias del COVID-19 con acento en “las restricciones impuestas” por los distintos gobiernos.

En nuestros días la libertad aparece muchas veces más asociada al “hacer lo que uno se le da la gana” que a las nociones colectivas defendidas otrora por San Martín durante la gesta emancipadora continental. Cualquier persona, entidad o gobierno que me niegue la posibilidad de hacer lo que quiero se encuentra “cercenando mi libertad”. Es una libertad egoísta sin compromiso alguno con el otro. Los Gobiernos (estructuras estatales), a pesar de haber sido cruciales en la superación de la pandemia, no son ya vistos como garantes de la convivencia social sino como dispositivos de vigilancia, control y fagocitadores de las libertades individuales.

Se desconoce al otro. Se ignora que muchos derechos fueron conquistados de manera colectiva. Se olvida la historia y se apedrea la memoria. Nos “refugiamos” en un mundo en el que lo demás parece estorbar.

A menudo se asocia la libertad con la posibilidad de estar constantemente comunicadxs, con la oportunidad de poder consumir libremente (no por nada “Mercado Libre” lleva ese nombre), de utilizar las redes sociales, y de recibir información de portales de internet y medios de comunicación. Como dice Byung-Chul Han, la información se hace pasar por libertad.

Creemos que somos libres recorriendo calles por GoogleMaps y descomprimiendo nuestra -perezosa- memoria en un drive. La avalancha de información que recibimos (imposible de procesar para cualquier cerebro humano) genera la ilusión de estar informados. Como dirá el Papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti: El cúmulo abrumador de información que nos inunda no significa más sabiduría.

Me atrevo a afirmar que nunca antes en la historia de la humanidad existió un dispositivo de almacenamiento de información de las personas tan potente como los reservorios de big data. Saben absolutamente todo sobre nosotrxs. Dónde vivimos, qué medio de transporte utilizamos para ir a trabajar, cuántos miembros tiene nuestra familia, qué nos gusta comer, cuánto dinero ganamos, qué deudas que tenemos, la ropa que compramos, los remedios que tomamos, dónde vacacionamos, qué libros leemos, cuál es nuestra ideología, etc. Es decir, conocen y pueden predecir nuestras formas de comportamiento, los estados de ánimo, nuestras pautas de consumo, los afectos que tenemos. Incluso conocen nuestros secretos. Nos conocen, se podría decir, mejor que nosotrxs mismos. Y lo hacen con la cooperación -casi- total de todxs nosotrxs. Entregamos felizmente toda clase de información a las redes sociales y motores de búsqueda (aún a sabiendas de que ello implica un riesgo) porque creemos -equivocadamente- que allí somos libres, cuando somos esclavos cognitivos al servicio del poder económico. Hay, como dice Franco Bifo Berardi, un “extractivismo psíquico” tan o mas temible que el extractivismo de los recursos naturales.

Los algoritmos que allanan las búsquedas y los infómatas detrás de los grandes centros de big-data son finalmente quienes finalmente terminan moldeando nuestros gustos y guiando nuestros comportamientos. Lo que vemos en las búsquedas está lejos de ser lo que realmente necesitamos y se encuentra filtrado por estas grandes corporaciones cuyo objetivo es mostrarte una parte de la realidad y maximizar tu consumo (generalmente asociada a otras empresas que pagan por adueñarse de tus gustos y dinero). Incluso estos monstruos de la modernidad se jactan de poder anticipar y predecir los comportamientos de sus usuarios (y, por ende, sus comunidades) para permutar o vender esa información a otrxs. “La libertad de usar la yema de los dedos es, pues, una ilusión” dirá el filósofo surcoreano Han. La ilusión de que podemos elegir libremente. Las comunidades en las que interactuaban los seres humanos e intercambiaban charlas, afectos, sabiduría, silencios es reemplazada por comunidades al servicio de la mercancía. La cultura pierde cuando se mercantiliza absolutamente todo. La comunidad perece. Los lazos solidarios se quiebran. Se compran los amigos en las redes sociales, se le pone precio a la amabilidad en las plataformas de transporte o alojamiento, se venden las opiniones políticas en encuestas, se rankea la belleza de las personas en las aplicaciones de citas.

Las redes sociales, que fomentan la vanidad a niveles que se asemejan demasiado a la estupidez, son una fuente inagotable de información que entregamos. No somos nosotrxs lxs que usamos los teléfonos, sino a la inversa. Estamos tan pendientes del teléfono, somos tan dependientes del dispositivo que perdemos definitivamente la tan preciada independencia que decimos o creemos poseer.

Los terratenientes de internet duermen “sin frazada” porque nos tienen casi las 24 horas del día trabajando para ellxs (produciendo valiosísimos datos que luego utilizarán). “Nos sentimos libres pero estamos completamente explotados, vigilados y controlados” advierte Han. Y, lo que es peor es que no somos enteramente conscientes de dicho sometimiento porque se encuentra disfrazado de libertad.

La discusión sobre qué es la libertad sigue abierta entrando al primer cuarto del Siglo XXI. Para la filósofa catalana Marina Garcés la libertad es una propiedad común (como visión contrapuesta a la propiedad privada) que nos damos colectivamente como sociedad. “Somos libres si nos hacemos libres los unxs a lxs otrxs” afirma Garcés. Para otrxs, en cambio, la libertad toma forma en la posibilidad de portar armas con el pretexto de poder defenderse (la mal llamada “libre portación de armas”) desconociendo así todo el sistema de leyes existente, para otrxs significa que nada ni nadie altere la quimera de felicidad -y narcisismo- que ofrecen las redes sociales, para otrxs la libertad se alcanza cuando uno consume “lo que quiere”. Pareciera ser que aquella noción emanada de la Revolución Francesa asociada a la libertad privada fue cediendo paso en el sentido común a estas nuevas formas de carácter aún más individualistas asociadas con una nueva fase del capitalismo a la que varixs pensadores han dado en llamar el “capitalismo de información”.

La asociación de la libertad con las gestas emancipadoras, con la soberanía de un pueblo, con la posibilidad de que una comunidad decida libremente cómo quiere y debe vivir todavía existe. Está presente en cada gesto de solidaridad, de fraternidad, de sororidad entre miembros de una comunidad. Vive en cada gesto de afecto y de amor. Reaparece cada vez que la sociedad se involucra, participa y se organiza. Toma valor en el rechazo a las lógicas deshumanizantes del mercado de las cosas (y personas); rebrota cuando los países, los gobiernos, los dirigentes, la militancia dejan la genuflexión y el autobombo como práctica cotidiana y se plantean a sí mismos como parte de una historia y proyectos emancipadores. Es desde allí que se podrá construir una verdadera alternativa a esta fase despiadada de capitalismo de la información, que nos aísla, humilla y usa; una opción al sistema financiero que margina a billones de personas mientras brinda ganancias extraordinarias a unxs pocxs; un sendero distinto al destino apocalíptico que se dice -y siente- inexorable. Para ser libres, resulta Inexorable involucrarse y no resignarse.

EL PRESUPUESTO PARTICIPATIVO COMO POLÍTICA PÚBLICA. UN CAMINO HACIA LA INSTITUCIONALIZACIÓN.

En tiempos de crisis el protagonismo ciudadano se torna imprescindible para buscar soluciones a los problemas. El Presupuesto Participativo es una herramienta emblemática de la Democracia Participativa. Argentina, los nuevos desafíos y la Ciudad de Buenos Aires como caso paradigmático.

Por María Suarez – Leonardo Farias (*)

La Democracia Participativa cuenta con el Presupuesto Participativo (PP) como política pública articuladora entre el estado y la sociedad, como garante de derechos fundamentales, pudiendo ejercer mecanismos de democracia directa en gobiernos locales que dan centralidad a la consolidación democrática en sus gestiones de gobierno. 

El PP es un proceso de intervención directa, permanente, voluntaria y universal mediante el cual la ciudadanía, conjuntamente con las autoridades, delibera y decide la asignación de recursos públicos de la gestión local.

 Como política pública, posibilita un enfoque alternativo a los mecanismos de ejecución de los presupuestos de modo tradicional, promoviendo la confluencia de la esfera política y la ciudadanía en un proceso de toma de decisiones que compromete una parte o porcentaje del presupuesto de un determinado nivel de gobierno a necesidades colectivas.   

Desde su origen en la ciudad de Porto Alegre (Brasil) en 1989, se ha expandido como método de participación ciudadana en el ámbito local a distintas ciudades brasileras y fue importado en algunas ciudades de nuestro país con posterioridad al estallido del 2001 y en el marco de la crisis de representatividad política e institucional que afectaba a nuestra democracia.

Los casos más destacados de su aplicación nacional son en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Godoy Cruz (Mendoza), Morón (Buenos Aires) y Rosario (Santa Fe), pero desde el 2006 el PP tomó impulso en otras ciudades del país, observándose entre los años 2007 y 2013 una expansión creciente y sostenida.

Sin dudas el ámbito local es el escenario privilegiado para el desarrollo de formas de participación directa, ya que en esa escala se favorece la interacción cara a cara y el vínculo directo entre personas y asociaciones promoviendo lo que se conoce como “democracia de proximidad”.  

Cabe destacar la importancia en este proceso, y lo fundamental del compromiso político y el asesoramiento técnico en la promoción del PP de los gobiernos locales, y en nuestro país de la importancia que tuvo la creación de un programa articulado entre la Secretaría de Relaciones Parlamentarias de la Jefatura de Gabinete de ministros, y de la Secretaría de Asuntos Municipales del Ministerio del Interior y Transporte, denominado “Programa Nacional de Presupuesto Participativo”.

Entre otras iniciativas, este programa ha creado la Red Argentina de Presupuesto Participativo (RAPP), como foro de intercambio de experiencias entre los distintos municipios que desarrollan o están interesados en desarrollar esta política pública.

 ¿Por qué implementar el Presupuesto Participativo a nivel local?

 Los gobiernos locales que implementan el PP, constituyen una forma de gobierno más próxima a la ciudadanía, y los municipios son el ámbito donde las políticas públicas tienen un impacto más directo sobre la vida de ciudadanos y ciudadanas.

Partiendo de esta circunstancia, resulta fundamental entonces apoyar la implementación de mecanismos de participación ciudadana directa en las decisiones de políticas públicas en ámbitos locales.

En ese sentido la mayor riqueza del Presupuesto Participativo es su contribución a la democratización de la relación Estado-Sociedad. A partir de ella, es posible recuperar la credibilidad del Estado mediante una experiencia a nivel local que lo ubica en estrecha conexión con los intereses populares.

Por otro lado, mediante el PP. se posibilita un proceso de cogestión de los asuntos públicos, entre el gobierno y la sociedad contribuyendo así a la profundización de la democracia en el espacio local.  

El Presupuesto participativo, es una política de participación popular que combina la democracia representativa (indirecta) con la democracia participativa (directa). Es definido como “una forma de gobierno público que intenta romper con la tradición autoritaria y paternalista de las políticas públicas, recurriendo a la participación de la población en diferentes etapas de la preparación e implementación presupuestaria, con un énfasis especial en la definición de prioridades para la distribución de los recursos de inversión.” (SOUSA SANTOS).

Asi, lxs ciudadanxs son lxs protagonistas en tanto que serán quienes definan las prioridades de obra e inversión pública para sus entornos territoriales de referencia (barrios, distritos, regiones), decisiones que luego serán refrendadas a través del voto. Por sus características, si bien existen casos a escala regional, hasta la fecha, el PP se ha implementado principalmente a nivel local.

Pensar la Institucionalización en Argentina del PP

La experiencia acumulada por más de tres lustros, por parte de las experiencias pioneras, da cuenta de la capacidad del PP para adaptarse a distintos climas de época. Ademas, el hecho de que el pp haya llegado a territorios con tradiciones políticas muy diversas, cuando no diametralmente opuestas, indica que no se lo identifica con una determinada línea ideológica, dado su carácter instrumental.

SI bien nuestra Carta Magna establece para Argentina un sistema de gobierno que adopta la “forma representativa, republicana y federal” también  contempla algunos mecanismos de democracia semidirecta, tales como la Iniciativa Popular (artículo 39) que brinda a la ciudadanía la posibilidad de presentar proyectos de leyes y el de Consulta Popular (artículo 43) que permite transformar proyectos en leyes, por medio del voto directo de la población.

A su vez, el artículo 75, inciso 22 de la cn, establece que una serie de Declaraciones, Convenciones y Pactos Internacionales celebrados por el Poder Ejecutivo Nacional, y aprobados por el Congreso de la Nación, que tienen jerarquía constitucional, así como las condiciones necesarias para que eventual- mente otros tratados se agreguen a tal listado, declarándolos complementarios de los derechos y garantías consagrados en la cn.

En tal sentido, dos artículos de tratados internacionales habilitan la participación directa de la ciudadanía: el artículo 21 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y el artículo 25 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que garantizan el derecho a la participación, directa o indirecta, en los asuntos públicos, a todas las personas. El derecho a la participación, directa e indirecta, en los asuntos de Estado, está garantizado entonces por la Carta Magna de la nación y pactos internacionales con rango constitucional.

El PP en Estados de nivel provincial

En un segundo nivel de las instituciones públicas de nuestro país, son varios los Estados de nivel provincial que promueven la aplicación del PP en los respectivos corpus normativos que han sabido darse. A modo de ejemplo citaremos dos casos.

El primero, el régimen municipal de la provincia de Entre Ríos, establecido por Ley provincial Nº 3001, actualizada en 2006, establece en su artículo 120, como una posibilidad, respecto al presupuesto municipal, que: “… pudiendo confeccionarse el mismo a partir de la participación ciudadana. A tal efecto los municipios dictaran la ordenanza respectiva estableciendo el mecanismo de la participación y control democrático de la gestión la que deberá contener como mínimo lo siguiente”

El otro caso es la provincia de Buenos Aires que instrumentó el Decreto Nº 3333/05 y creó el Programa Provincial para la Implementación Progresiva del Presupuesto Participativo y, por otro lado, invitó a los municipios a sumarse a esta iniciativa.

Si bien el programa no se desarrolló, el mencionado decreto suele ser utilizado en los antecedentes y justificaciones de proyectos de ordenanzas en los municipios bonaerenses a la hora de establecer el PP.

Antecedentes y marco normativo en la Ciudad de Buenos Aires

La Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, sancionada en el año 1996 establece en su artículo primero la organización de sus instituciones como democracia participativa, a la vez que asume para su gobierno la forma republicana y representativa. Esta fórmula expresa una combinación entre la forma clásica de gobierno a través de los representantes (electos democráticamente), con inclusión de participación ciudadana en el diseño del estado local.

Así se incluyó la sanción de mecanismos de participación de tipo consultivo y de control como la iniciativa popular, el referéndum, el Consejo del Plan Estratégico, el del Plan Urbano Ambiental, el Consejo Económico y Social, el Consejo de Ciencia y Técnica, las audiencias públicas, consejos consultivos territoriales y otros de tipo temáticos, al tiempo que definía el carácter “participativo” de su presupuesto. 

No obstante, la principal expectativa respecto a la ampliación de las posibilidades de profundización democrática en forma directa, fue la sanción de la Ley de comunas, unidades de gestión política y administrativa con competencia territorial y facultades de planificación, ejecución y control sobre competencias exclusivas y otras concurrentes con el gobierno de la ciudad.

Estos organismos de proximidad con una escala menor a la distrital, mediante la elección de  comunerxs, abrirían nuevas posibilidades para la participación directa de los habitantes de las comunas en el desarrollo de sus competencias.

La sanción de la ley de comunas tardó varios años, recambios legislativos, y demora en su implementación.

En 1997, el electo jefe de gobierno local, Fernando De La Rua inicio un plan de descentralización dividiendo a la ciudad en 14 unidades territoriales, los Centros de Gestión y Participación en cada una de esas (con excepción del área territorial 2 y 14 donde se establecieron dos CGP).

Estos centros, unidades administrativas en las cuales el gobierno central desconcentraba algunas funciones y canalizaban la participación vecinal a través de consejos consultivos destinados a la participación no vinculante de asociaciones civiles y políticas vigentes en el ámbito territorial, fueron proto comunas, o sea  organismos  político administrativos para  iniciar el camino de  “transición hacia las comunas”.

En año 2002, con Aníbal Ibarra como Jefe de Gobierno, en un contexto de profunda crisis de representación, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a través de la Secretaría de Descentralización y Participación Ciudadana, puso en marcha la primera experiencia de presupuesto participativo.

Se proponía a la ciudadanía la elaboración de proyectos de políticas públicas de escala local para la definición de prioridades por barrio que serían incluidas, amparándose en el artículo 52 de la constitución local, en el proyecto de presupuesto de la Ciudad que el Poder Ejecutivo envía anualmente a la Legislatura local para su aprobación.

Hasta el año 2007, el presupuesto participativo fue sosteniéndose en términos institucionales con avances y retrocesos en materia de asignación presupuestaria y de participación vecinal hasta ser finalmente discontinuado bajo el gobierno macrista. 

La Ley de Comunas y el presupuesto participativo comunal

En el año 2005, y a partir de una decisión judicial, la Legislatura de la Ciudad sanciono la ley 1777 de comunas dividiendo a la ciudad en 15 unidades territoriales.

 Los objetivos de la ley, fueron promover la participación directa y la cultura participativa, expresada en la creación de los consejos consultivos comunales, con la finalidad de ser un órgano de iniciativa, control y supervisión de la gestión comunal.

Con respecto al presupuesto, la Ley 1777 establece que cada Comuna deberá elaborar su anteproyecto de presupuesto con la participación de lxs vecinxs en la fijación de metas, formulación y control presupuestario en el ámbito de los Consejos Consultivos Comunales y con la aprobación de la junta comunal.

Además, crea el Consejo Intercomunal con representación de los jefes comunales y el poder ejecutivo, a os fines de elaborar una matriz equitativa de distribución de recursos descentralizados entre las distintas comunas. 

En la actualidad, lxs vecinxs desconocemos la existencia de una matriz de distribución presupuestaria y el presupuesto asignado a cada comuna, desde la puesta en marcha de las comunas, a través de la sanción de la ley,  y ya iniciado el tercer mandato de lxs comunerxs elegidos democráticamente.

A su vez, los presidentes de las juntas comunales resuelven de forma unipersonal contrataciones directas, las cuales, como corresponde a las decisiones de un órgano colegiado, deberían ser tratadas por lxs juntistas.

En la actualidad, de las 15 comunas, solo hay dos representantes del FdT, en las comunas 4 y 8, presidiendo las juntas comunales.

En este contexto, la discusión de una ley que reglamente el presupuesto participativo comunal aparece como una ventana de oportunidad para generar transparencia en la ejecución de las competencias exclusivas de las comunas y dar a los vecinos/as, consejos consultivos y las juntas comunales una mayor injerencia en la gestión de sus territorios.

Actualmente en la comisión de descentralización y participación ciudadana de la legislatura porteña se encuentran en elaboración un proyecto de Ley sobre Presupuesto Participativo que se sustenta en los intentos anteriores (entre los años 2014 y 2017) de las ex legisladoras Paula Penacca y María Rosa Muiños. 

Reclamar la implementación de la Ley de Comunas y del presupuesto participativo comunal nos daría la posibilidad de que las comunas posean una densidad política mayor, con el objetivo de profundizar la democracia local.

En contraposición la política de participación de Cambiemos, se reduce a la realización de votaciones online sobre proyectos muchas veces definidos con anterioridad, el BA Elige, una selección de prioridades elegidas  por fuera de los consejos consultivos, y en convocatorias selectivas y  cerradas entre funcionarios y vecinos con cupo de asistencia, mostrando una vez mas su definición política  de desvincular la consulta a lxs vecinxs de sus planes de gobierno, imponiendo un discurso único, una ciudad excluyente y elitista, con un solo objetivo: destruir nuestro patrimonio tangible e intangible, nuestra identidad porteña, y construir un gran polo de desarrollo inmobiliario, y la ocupación de espacios públicos para el uso privado .

(*) Maria Suarez y Leonardo Farias son Directora y Presidente del CESDET respectivamente

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BIBLIOGRAFIA

Presupuesto Participativo en Argentina. INAP https://www.youtube.com/watch?v=w0oMdaxp9HA&t=3373s  

Presupuesto Participativo. Secretaria de Asuntos municipales. Ministerio del Interior. https://www.mininterior.gov.ar/municipios/pdfs/SAM_04_presupuesto_participativo.pdf

Santos Souza. https://es.wikipedia.org/wiki/Boaventura_de_Sousa_Santos

El Presupuesto Participativo. Transformaciones políticas. https://ediciones.ungs.edu.ar/wp-content/uploads/2018/11/9789876303712-completo.pdf

Participamos de la 4ta Escuela de Resiliencia de la Red MERCOCIUDADES

El CESDET participó esta semana de la 4ta Escuela de Resiliencia de Mercociudades. La misma tuvo lugar en Villa María, provincia de Córdoba y fue inaugurada por el Intendente Municipal de Villa María, Martín Gill; El Director de Alianzas estratégicas de la Red Mercociudades, Eugene Zapata; la sra Presidenta de la Agencia Argentina de Cooperación Internacional, Sabina Frederic y el Presidente de la Red Mercociudades, Fernando Gray.  

La Escuela se llevo adelante durante los días 30 y 31 de Mayo y tuvo como marco el Seminario sobre el rol de las ciudades en la construcción de estrategias de resiliencia.

Mas sobre el tema:

Entrevista a Antolín Magallanes sobre participación social y gestión publica

Magallanes es Director General de Gestión Política y Social de Acumar. Además es miembro del Consejo Asesor del CESDET y uno de los compiladores del libro «Participación social y recuperación del espacio publico«. En «Nuestra voz TV» es entrevistado y habla sobre la gestión de Acumar y el riachuelo, el libro que compiló junto a Leonardo Farias, Director del CESDET, y sobre los temas ambientales de la agenda urbana.

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