Por María Suarez (*)
La Ciudad de Buenos Aires como generadora de exclusión. La falta de políticas sociales. La desatención de personas en situación de calle. Leyes que no se cumplen y Derechos que no se respetan. La historia reciente como telón de fondo para explicar el fenómeno de la Derecha neoliberal en la Ciudad.
En una de sus caras más descarnadas, el neoliberalismo ha signado a la exclusión, el encierro o la persecución a un interminable número de personas, en particular a las que no entren en los parámetros de la” normalidad “y quienes tuvieron y tendrán –por ese motivo- asignado un lugar en el mundo, el de la invisibilidad.
Durante la década de los 90´, la Argentina no fue ajena a la adscripción del modelo económico neoliberal siendo atravesada por la lógica del mercado, impulsando el achicamiento del Estado, la privatización de lo público, el desapego por los derechos humanos, sociales, privilegiando el individualismo, erosionando mortalmente el entramado social, y la desigualdad
socioeconómica de millones de argentinxs, profundizada anteriormente durante la dictadura cívico, militar, eclesiástico, empresarial durante los años 1976 y 1983.
Los resultados del vaciamiento del Estado, la concentración de la riqueza en un reducido sector empresarial y financiero, la fuga de capitales y el aumento de la deuda externa se manifestaron con toda virulencia en el año 2001, provocando el consabido deterioro en el sistema económico, político e institucional.
Con la asunción del Pte. Néstor Kirchner en el 2003, se inicia un proceso de recomposición de un estado democrático y popular que continuado por los dos periodos presidenciales de CFK, reactivando la economía nacional, poniendo en marcha políticas de empleo, el fortalecimiento de pequeñas y medianas empresas, el pago de la deuda externa, programas sociales, de salud,
culturales, y educativos que conjuntamente con un sinnúmero de políticas destinadas a la ampliación de derechos, empoderaron una ciudadanía que recuperó las mejores prácticas de la política después de más de 25 años de crisis estructural. A partir del año 2015, los cuatro años de gestión de Mauricio Macri, vuelven a instalar nuevamente políticas neoliberales de destrucción de la economía, el default, la inflación, el cierre de fábricas, el endeudamiento con el FMI a una escala inusitada, y el deterioro institucional, un combo de factores que impactaron negativamente en amplios sectores sociales. Durante el 2003 y el 2015, lxs ciudadanxs de la CABA fueron ampliamente beneficiadxs por
políticas nacionales de diversa índole interviniendo directamente en la recuperación y mejora en su calidad de vida, situación que durante la gestión de Macri en la ciudad, entre los años 2007 y 2015, fueron una suerte de colchón virtuoso para aminorar las sucesivas políticas de endeudamiento debido a la toma de préstamos, la sub ejecución de los programas sociales, el
aumento sistemático de impuestos, el recorte de programas culturales y habitacionales, el deterioro ambiental, la violencia institucional, y el uso del espacio público para la especulación inmobiliaria. El actual jefe de gobierno, Horacio Larreta, ha continuado con las mismas políticas de su sucesor, disminuyendo sistemáticamente los presupuestos de los organismos destinados al desarrollo social que hoy se evidencian en el marco de una feroz pandemia, dada la magra respuesta hacia las problemáticas de los sectores más empobrecidos, el deplorable estado de los hospitales, de los centros de salud, de las instituciones educativas, así como la precarización laboral de lxs trabajadoxs de estas areas.
Es notable el interés por destinar grandes montos para financiar obra pública como es el caso del mobiliario urbano, el programa de renovación permanente de veredas, de las bici sendas, y pavimentación de calles, privilegiando a los barrios residenciales, y abandonando a los que se ubican en la zona sur, en donde se concentran los polos de mayor vulnerabilidad socioeconómica. Otra característica es la definición política de incumplir con la ley de comunas, (ley 1777), concentrando las decisiones de lo público en ministerios que asumen la gestión sin tomar en cuenta la jurisdicción y autonomía económica que constitucionalmente les corresponde a las 15 comunas, quienes deberían financiar con sus presupuestos, votados anualmente por la Legislatura de la CABA, la puesta en marcha de acciones acordes a las necesidades de cada barrio La política de Macri y Larreta con relación a la democracia participativa fue la puesta en marcha del programa BA Elige, mecanismo internetico por cual se votaron electrónicamente proyectos o intervenciones públicas ignorando la participación ciudadana a través de los consejos consultivos, órganos representados por lxs vecinxs, y desde donde, conjuntamente con los siete miembros de las juntas comunales, deberían definir cada año las políticas de cada comuna.
Con este panorama, y luego de 14 años de políticas de exclusión e inequidad, la ciudad más rica de la argentina, la que recauda más impuestos, que ha tomado préstamos endeudandonos por montos exorbitantes, que ha visto vender tierras públicas a privados, que padece la pérdida de su identidad porteña, y sufre la modificación a discreción de su código de edificación urbana, para, a modo de ejemplo, la construcción de altas torres con departamentos de 18 metros cuadrados a precios impagables y a costa de demoler inmuebles
de valor patrimonial, como ha ocurrido en innumerables casos. La mayoría de quienes vivimos en esta Ciudad, recibimos la permanente asistencia del
gobierno nacional: la AUH, el IFE, el REPRO, la ATP, a fin de paliar el duro golpe que desde hace más de un año nos propina una feroz pandemia que tuvo un inicio, pero tiene un final abierto, generado que un importante número de personas se vean forzadas a vivir en condiciones de extrema inequidad, muchxs de ellxs, hoy, en situación de calle.
Estxs ciudadanxs sin derechos, expulsadxs del sistema social, se han desplazado desde las zonas céntricas, o cercanas a áreas de transbordo entre la CABA y la Pcia. de BsAs, a la mayoría de los barrios, expuestxs a la invisibilidad a la que han sido condenadxs, y a merced de la violencia institucional cuando se hacen visibles.
Recordemos el accionar violento de la UCEP La Unidad de Control y Espacio Público, creadas en el año 2008, bajo la órbita del Dirección General de Ordenamiento del Espacio Público del Ministerio de Ambiente y Espacio Público del GCBA Cabe señalar que el Gobierno de la Ciudad, que debería garantizar el cumplimiento de los derechos humanos, ha generado programas sociales destinados a la asistencia, demostrando la ineficiencia de su intervención, evidenciando la incapacidad para resolver o modificar las problemáticas diversas que se deberían considerar. No solo hay permanencia de personas que han decidido vivir en la calle por propia elección, sino cientos de familias, discapacitadxs, adultxs mayores, o con problemáticas psiquiátricas, “lxs pobres estructurales”, condenadxs a la exclusión social.
Es notable señalar que la intervención de lxs operadorxs y encargadxs de llevar a cabo la implementación de los programas sociales en los territorios, e interactuar con lxs asistidxs, asumen en su mayoría de un gran compromiso y responsabilidad, a pesar de estar contratados precariamente durante años, y estar mal remuneradxs, cubriendo extensos horarios, sin recursos adecuados, y exponiéndose a situaciones límites. Sin ellxs la implementación de los programas sociales sería aún más deficiente.Hoy queda en evidencia la ineficacia de las políticas sociales que implementa la CABA, políticas
fragmentadas, que intervienen sobre y desde la emergencia y la asistencia paliativa e individual, dado que deberían realizar el abordaje desde una perspectiva de derechos, conjuntamente con la intervención de un gabinete interministerial y la participación activa de quienes necesitan recibir recursos y prontas soluciones , trabajando con redes sociales, laborales, educativas, fundamentalmente con su paulatina inserción comunitaria, y generando empatía social a fin de disminuir las prácticas de exclusión y estigmatización.
Según el segundo censo popular de personas en situación de calle de 2019, existían –almomento del relevamiento- 7251 personas en situación de calle. De ellas, 5412 no tenían acceso a paradores ni a establecimientos con convenio con el gobierno de la ciudad, es decir que duermen en la vía pública. Otra cuestión interesante es que el 80% son varones, el 19%
son mujeres y el 1% declara ser travesti o trans. Además, 871 son niños y niñas mientras que 40 eran mujeres embarazadas. Muchas mujeres dijeron haber sufrido violencia ellas o sus hijxs como explicación para haber dejado sus casas y la realidad de no encontrar ninguna respuesta estatal de acompañamiento para las sobrevivientes de violencia por motivos de género. El 56% de las personas que contestó el censo sufrió algún tipo de violencia institucional en su encuentro con miembros del Estado, desde policías hasta personal de hospitales.
La ciudad de Buenos Aires cuenta desde el año 2011, y a partir de la iniciativa de múltiples asociaciones civiles, con la Ley sobre Protección y Garantía Integral de los Derechos de las Personas en Situación de Calle y en Riesgo a la Situación de Calle. Esta ley posibilita un marco legal a las personas que se encuentran en situación de calle, pero los efectores sociales que intervienen no modifican las condiciones de vulnerabilidad expuestas anteriormente. Los subsidios habitacionales, paradores u hogares transitorios, la tarjeta Ciudadanía Porteña, lxs operadorxs destinadxs por el programa BAP (Buenos Aires Presente), dependientes de la Dirección General de Atención Inmediata, no alcanzan si no se piensa en abordar esta grave problemática, que hoy se muestra en mayor riesgo y desamparo en un contexto de pandemia, desde un abordaje integral, con la construcción de conciencia colectiva, y una contundente decisión política de ocuparse de una vez por todas de lxs que no se quieren ver, que son miles, y gritan en silencio que una vez y para siempre, se les restituyan sus derechos como ciudadanxs. Y como le dice El Principito al Zorro, “solo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos”.
(*) Directora de Proyectos del CESDET